En el proceso de adaptación se nos mueven muchas emociones; tristeza, curiosidad, nerviosismo, sorpresa, carcajada, llanto, grito, sonrisa… ¡cuántas sensaciones y vivencias! Sin duda, los primeros días de escolarización son momentos emocionantes.
Vuestros pequeños han pasado del conocido y seguro entorno familiar a enfrentarse a un nuevo entorno que le es desconocido. Somos conscientes del impacto emocional que produce en la familia la época de adaptación, poniendo el ambiente doméstico patas arriba a ratos. Los profesores también vivimos un proceso especial en esta época. Diseñamos los primeros días de clase teniendo en cuenta las necesidades de cada familia y de cada niño, todos los momentos son, pensados y trabajados de antemano. Pero no siempre coinciden con el ritmo del niño y las necesidades de la familia. Así que actuamos con atención y responsabilidad en momentos tan especiales. Porque la relación basada en la confianza, el respeto mutuo y la comunicación tienen una importancia fundamental en nosotros. Es imprescindible construir un vínculo afectivo con los profesores, no tan estrecho como ha construido con sus padres, pero sí lo
suficientemente sólido como para vivir con seguridad en la escuela. No son días fáciles para nadie, pero habéis dado lo mejor de vosotros y el esfuerzo que habéis hecho es de agradecer.
Podemos decir, que el proceso de adaptación no es, por tanto, un proceso cuantitativo. En ese proceso hay varios momentos y el ritmo no siempre es el mismo. Hay paradas, pasos atrás y avances. Aunque el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier situación, la clave está en cómo vivir los cambios.
Los modos de adaptación son tantos como niños, familias y profesores componen la escuela.
Esta situación afecta a todos, por eso nuestro objetivo ha sido garantizar la cercanía con los niños y la relación, la colaboración y la comunicación con vosotros. Y en eso estamos, gracias a la colaboración entre la familia y la escuela, las familias se han convertido en parte de la escuela. Porque habéis ayudado a hacer el camino de las manos dulces de las casas a las nuestras, gracias.
Sigamos caminando juntos,






